.

30 septiembre 2008

eMERGEiendo



Hay algo en Portastatic que me recuerda a ellos mismos. A los mismísimos, los mismitos Portastatic. Lo digo –y espero que sea obvio- como un cumplido. Recuerdo a Mac McCaughan, a su embarazadísima esposa y a su banda en los camerinos del PrimaveraSound 2007, felices, bebiendo a tímidos sorbos la tibia cerveza patrocinadora. Él en bañador, tirándose a ese trozo de pedazo de cacho de mar que linda con el Forum, mientras yo bromeaba con el hecho de que haya solo dos formas dignas de morir: o como Jeff Buckley o como Tim Buckley. En su caso estaba más que claro. Su mujer me decía que Portastatic tenían pocas canciones inéditas, pocos directos grabados que merecieran la pena, no demasiadas caras B, que lo mejor estaba por venir, y que en todo caso iba a ser difícil encontrar material suficiente para un disco pirata y ojo vago de esos que se venden como oficial y caballero. Ah, ellos. Todos se mostraban cálidos, amables, inteligentes, serios y lúdicos cuando había que serlo. Disponibles, incisivos, humanos, humanistas. Como su música. Por eso digo que Portastatic, la banda, me recuerda a Portastatic, las personas. Normalmente esto sería sinónimo de dar gato por liebre. No en su caso. Portastatic es mucho más que el grupo "no roquero" del ex Superchunk y co-jefe del sello Merge. ¡¡¡Pero si lleva en activo desde 1990!!! ¡¡¡Pero si cultiva géneros y trabaja con un género excelente que va del indie-rock de pacotilla al hardcore melódico, de la bossa a las bandas sonoras, del lo-fi al punk de garrafón!!! Por mi mala cabeza les comparo con otros Frankensteins, pero no se merece. Son mucho más que Biff! Bang! Pow! (para los paleontólogos del pop, el grupo de Alan MacGee, quizás a reinvindicar). Bastante más que This Mortal Coil. Me odio a mí mismo por poner estos ejemplos. Ni vienen a cuento ni salen las cuentas. Y este doble álbum –con caras B, versiones, temas inéditos, canciones antes solo publicadas en recopilatorios y rarezas en general- tampoco engaña. Una pequeña historia compuesta por grandes historias. Portastatic ha existido durante más años que Superchunk, y aunque su munición parece menos mortal, es igualmente mortífera. Tiene un veneno que actúa en pequeñas dosis. Primero te conquista por su familiaridad, las versiones, esa cercanía que te atrapa casi sin esfuerzo. Luego ya está dentro de ti. Como alguien que piensas va a ser un rollo de una noche y en una semana ya te ha encasquetado su cepillo de dientes e incluso te hace aprender la marca de su líquido para las lentillas. Antes de que le digas que ha ido demasiado lejos, ya confunde su piel con tus sábanas. Y es una sabana inmensa. Entonces sabes que vas a hacer mucho daño. Estamos a 21 de septiembre y el verano ha tocado a su fin. Y Portastatic, después de haber sido el grupo ideal para el mes de agosto, se convierten en la banda del otoño. Las hojas caen, las hojas se imprimen, y su historia se escribe en forma de 44 canciones que, según tu estado de ánimo, golpean con peso pluma, hormiga, escorpión, mosca, gallo, welter, medio, supermedio, cuarto y mitad, peso pesado. Con toda su tradición, con toda su extensión, clasicismo, modernidad, escuadra y cartabón. A lo largo, a lo inmenso, a lo ancho y a lo hondo. Golpean, y lo único que puedes hacer es darte cuenta de que hay discos, cantantes, bandas e inteligencias que envejecen mejor que tú. No es momento de mirarte al espejo buscando un estupendo reflejo, aunque esto sea un recopilatorio y tú tengas muchas cosas que contar.

27 septiembre 2008

Grouper sobre Grouper


Liz Harris (Grouper) sobre el split CD junto a Inca Ore que publica Acuarela esta semana que entra.

Eva y yo nos conocimos la primera vez que estuve en Portland. Desde entonces, hemos tocado y compuesto música juntas con algunos amigos. También compartimos casa durante una temporada en Oakland. Habíamos hablado desde hace mucho sobre lo de hacer un split entre las dos. Siempre me ha gustado mucho la música de Eva, y había estado escuchando nuevo material suyo, cosas que había grabado ella sola, y pensé que aquello era realmente intenso y bonito de verdad. Era una música un tanto extraña sobre estar en un lugar lejano, como en una especie de prueba o viaje del que sacar algo en claro. Mientras grababa mis temas, recibía mails suyos desde México, adonde ella había huido precipitadamente, sin planes ni motivos. Me hablaba de fiebres, de la sensación de sentirse feliz o abandonada en un lugar desconocido de un modo intermitente e imprevisible. Yo estaba pasando el invierno en Portland, sintiéndome muy sola en una ciudad nueva para mí; era esa clase de soledad que sientes dentro de ti, cuando te encuentras sola incluso estando rodeada de gente. Andaba buscando el gato de mi vecina, que había desaparecido misteriosamente, siguiendo su propio camino. Mi vecina estaba hundida, había estado lloviendo y tronando sin parar durante días. Llevaba demasiados días sin saber nada del gato. Todo estaba oscuro. Decidí que la misión de encontrar a ese gato era mía, que debía hacerlo por ella, que si yo no lo encontraba nadie lo haría. Sabía que esa era una forma un tanto extraña de pensar, pero después de que aquella idea se me metiera en la cabeza no pude sacármela. Así que pasé horas fuera en la lluvia vagando por el vecindario y alrededor de casas abandonadas y zonas en construcción, llamando por su nombre a Pica. Estaba muy deprimida en aquel momento, no me sentía conectada al mundo de las cosas que me rodeaban, al mundo físico, y buscar a aquel gato se convirtió en algo en lo que concentrarme, a lo que dedicarme cada día. La música que acabé haciendo no escondía ni esconde una relación directa con todo aquello, no existe una canción sobre ese gato en particular, sobre ese animal perdido y yo sintiéndome triste por ello, porque en el estado mental en el que me encontraba no lo sentía así. Sentía algo mucho peor, como si hubiera una maldición que estuviera conjurándolo todo, barriendo todo a mi alrededor, llevándose una parte de mí, al gato, a Eva, hacia un lugar oscuro, que posiblemente se encontraba en un plano distinto al de todo lo demás. Un lugar del que habríamos de encontrar nuestro camino de vuelta, y por mucho que yo buscara ese camino no serviría de nada porque tanto ellos, el gato y Eva, como yo no nos encontrábamos en ningún sitio. Algo misterioso tenía que ocurrir, algo de lo que debíamos aprender. Con todo eso encima, empecé a sentir que algunos símbolos se combinaban para tomar una forma común. Algo oscuro, femenino y poderoso que intentaba brotar desde lo hondo, tratando de escapar de algún agujero para luchar contra sí mismo y crear un espacio nuevo en torno a mí.
Liz Harris (Grouper)

Compralo aquí
Myspace de Grouper
Myspace de Inca Ore

26 septiembre 2008

Los murciélagos de Fantasy Bar



Este vídeoclip me ha recordado una de las razones por las que publicamos discos. Corto, directo y a la yugular (y nunca mejor dicho). Buen fin de semana.

Spiders

25 septiembre 2008

Todas las canciones hablan de mí



“Armarios y Camas” (La Dama se Esconde, 1986)
La primera vez que escuché este disco yo tenía… quince años, creo. Todavía conservo un minucioso y detalladísimo diario de aquella edad barely legal. En él me muestro tan egoísta, tan cabezota, tan presuntuoso, que asusta leerlo. Una vez pasado el susto inicial, como en “Los Chicos del Maíz I”, el resto resulta entre hilarante y patético, con humor negro, blanco, gris, un humor que jamás pretendió serlo, como cuando nos reímos de alguien que se tropieza en plena calle, o que pisa una mierda, o que pierde su empresa en uno de esos vaivenes de Wall Street.

Por entonces me gustaban todas las chicas, especialmente Elena, Cristina, Bárbara, Mari Carmen, Ana, Manuela y Yolanda. Pero cuando volvía a casa con las manos vacías (o no) siempre ponía este disco. Con él me dieron ganas de escribir, de componer, componerme, recomponerme. “Armarios y camas” fue el rey de mi mundo de casetes, y como no tenía las letras me dediqué a trascribirlas durante una semana de septiembre de 1988. Desarrollé una especie de intuición juvenil que me decía que aquello era una combinación de vida y de arte que no debía ignorar. Había decenas de frases que deseaba haber escrito yo, y un modo de pronunciarlas que resultaba intrigante. Tirando del hilo de los versos de Nacho F. Goberna se puede hallar una rueca siempre agradecida.

Creo que La Dama se Esconde son uno de esos grupos que siempre terminan siendo una buena influencia. Su estilo, sus canciones, sus textos, no asfixian ni acotan el territorio. No levantan puentes levadizos. No hay dragones ni mazmorras. No te hacen pagar peaje al entrar en el laberinto. En realidad abren otras vías, son catalizadores de talento, la mano en el hombro para el que no necesita muletas. Un ejemplo de artista de mérito que suele ser una mala influencia es Nick Cave. O grupos como Radiohead. También The Smiths. Por el contrario, bandas como The Cure o The Go Betweens suelen tener buenos acólitos, luego excelentes monaguillos y finalmente una decena de artistas que merecen dicha influencia. Es una teoría con fisuras, lo sé. Y tampoco me explico demasiado bien. Ni siquiera lo tengo claro respecto a Joy Division.

El caso es que después de pasar aquellas letras a limpio, comencé a corregirlas, a alterar el sentido de muchas palabras. Un párrafo ajeno daba lugar a uno más o menos propio. Luego traduje un par de canciones al inglés, para luego volcarlas de nuevo al castellano, a las bravas, como esperando algo. Los resultados me parecieron alentadores (obviamente, ahora mismo da pudor leerlos). Se trata de un proceso en el que intervienen un espíritu aventurero, mucha cara dura y ganas de dejar un legado gracias a una herencia ajena que, con el tiempo, no dé vergüenza ajena. Pero de repente “Armarios y camas”, o mejor dicho, una versión del mismo elepé adaptada a mi mundo, me pertenecía por completo.

Resulta que yo veía sentido a cada canción de este disco, como si cada tema constituyese una historia que enlaza con otra, en plan obra conceptual, decálogo de seres y estares (siento la referencia), sentidos y sentimientos que me hacían sentir y asentir, y no siempre por este orden. No es un trabajo unitario, pero para mí contenía todas las piezas de mi puzzle adolescente. Podía perfectamente aplicar diversos episodios de mi vida a “Somos tres”, “El corazón que late”, “Amenazas”, y decirlo así, sin tapujos, en mi diario, ese cuaderno azul en el que mi vida era un yo-yo permanente y sin vértigo. ¡¡¡Y me consideraba tan rebelde!!! Bastaba decirle a mis padres que no pensaba cenar o tomar postre como represalia a su autoridad, para sentirme hinchado, henchido y satisfecho, dispuesto a afinar la pluma y escribir que estaba sometido a una especie de Guantánamo existencial. ¡¡¡Un Guantazo era lo que merecía!!!! De existir una máquina del tiempo escogería volver a 1988, colérico fantasma del futuro, y hablaría conmigo mismo para quitarme toda esa tontería trufada de demasiados verbos intransitivos.

En aquel dichoso diario escribí muchas veces que odiaba a mis padres. Lo decía sinvergüenza, por activa, pero sobre todo por pasivo. Las razones eran totalmente peregrinas y sin redención posible: me hacían cortar leña los domingos, no me dejaban viajar solo a Cartagena, coño, a mi edad… me obligaban a ir a la comunión de un primo al que detestaba, jamás me preguntaban por mis notas, o querían que volviera a casa antes de las doce para poder dormir con la conciencia bien tranquila. Aquello bastaba para convertirme en un demonio, alguien con demasiado vocabulario, conocimiento del medio y tiempo libre para pensar en sí mismo. Tanto como para nublar mi juicio y pensarme ajeno a ellos, adoptado, en una incubadora con cristales tintados. Ahora me arrepiento, y espero que no sea demasiado tarde.

En mi mundo de quedar con X, esperar la llamada de Y, conformarme con la mirada de Z, mis padres eran el enemigo. Y de algún modo la música fue mi refugio, mi independencia ficticia, el modo en el que construí un universo lejos del suyo. Pero tantas ganas de martirizarme por nada al menos no me distanciaron de ellos del todo. Últimamente la música ha vuelto a unirnos, como si el final volviese al principio en una ruleta de la fortuna. Hace poco han comprendido por qué para mí significa tanto resumir mis emociones en un estribillo, o con una canción que expresa lo que siento mejor que diez mil diarios.

Ahora me divierte leerles aquel diario a mis amigos. Me deja en mal lugar, lo sé, pero es un lugar con cierto encanto. Un pequeño Goethe amargado y faltón que no sabía lo que quería ni como obtenerlo. Me carcajeo con muchas frases leídas al azar; es tremendamente revelador, y me hace pensar que si ahora soy lo que soy es gracias a todo lo que fui o lo que evité ser.

Pero el paso del tiempo no ha envejecido este disco, que sigue pareciéndome un compendio de poesía difícil de reproducir, una especie de catalizador de pasadas, presentes y futuras emociones. Ahora no tengo tan claro el significado de muchas frases, de textos que me parecían clarividentes, casi una epifanía, pero siguen siendo el trampolín de esas veces que me tiro a la piscina y me pongo a escribir, y casi siempre termino hablando de armarios y camas, de tardes lluviosas, corazones que laten y grandísimos errores de apreciación.

Sigue siendo la obra de dos chicos pretenciosos y piterpanes que querían evitar enfrentarse al mundo adulto, tiraban del fondo de catálogo de sus lecturas, sus películas sus clarísimas influencias, y lo expresaban maravillosamente. Tan maravillosamente que me alienaron entonces y me siguen intrigando ahora, con todo lo que ha llovido y la forma en la que lo ha hecho. Con todos los muñecos de nieve a los que la realidad ha robado su nariz de zanahoria.

•tomo prestado el título de esta columna de un estupendo guión, todavía inédito, de Jonás Trueba y Daniel Gascón.


La Dama

21 septiembre 2008

3 tristres trigres


Algunas reflexiones después de ciertos conciertos:

-habré visto a Matt Elliott quizá 30 veces en directo, pero la pasada noche del 13 al 14 de septiembre en Madrid se lleva la palma. Nunca he vuelto a casa más taciturno. Al abrir la nevera se cortaban los yogures. Las canciones de su nuevo álbum "Howling Songs" son aterradoras. Es un descenso al infierno sin pasar por el purgatorio. El dante y el donante en un universo que merece compartirse.

-Abel Hernández (El Hijo) canta mejor cuando está enfadado. Si es con el público, estupendo, pero si ya se trata de toda la ciudad su voz alcanza altas cotas. Creo que es uno de los compositores más valientes de nuestro país, y mi confianza es ciega (nunca sorda) aunque siempre le analice con lupa. Creo que él hace lo mismo conmigo.

-Vic Chesnutt está a la altura de Will Oldham o Bill Callahan. Nunca pensé que lo diría, pero es así. El carisma -algo que ni se compra ni se vende- fluye por las venas de su menudo y atribulado cuerpo. Se ríe a carcajadas de sí mismo, y lo que es mejor, interpreta sus canciones haciéndote pensar que las ha compuesto exclusivamente para ti.

Tampoco voy a muchos conciertos, pero tenía ganas de escribir.

Matt

Abel

Vic

18 septiembre 2008

Lo malo de Okkervil River



Llevo años esperando un disco como el de Jeremy Jay. Un disco que me parezca moderno y antiguo al mismo tiempo. Y que no me produzca remordimientos por no haber admirado su obra anterior, ni problemas de conciencia por arrodillarme ante el espejo más que ante el reflejo. Sirva esto para recomendar “A place we could go” (K Records), sobre todo porque pienso que, conceptualmente, es lo que Okkervil River querrían estar haciendo ahora. Algo atemporal y moderno a la vez, tradicional sin traicionar, vivo y coleando, sin complejos. La verdad es que siempre siempre he puesto a Okkervil River en un pedestal. Por eso cuando me pidieron hacer la crítica de este trabajo me aferré a mi salida de incendios, a mi barra americana, a mi mostrador.
“The Stand Ins” no es su mejor álbum, en realidad se trata de lo peor que han editado, cantado o interpretado nunca. Y no quiero que se sospeche de mí. Dentro del top10 de los mejores conciertos de mi vida se encuentra uno del grupo liderado por Will Sheff. ¡!!!Y en el top3 están Leonard Cohen, Bob Dylan y The Cure!!!! Me he subido al escenario para quedarme con el tracklist en una de sus actuaciones. He traducido sus letras para impresionar a alguien que ahora es nadie. Me ha dado por grabar discos suyos, como “The Stage Names” o “Black Sheep Boy” a novias, ex novias, amigos, y futuros ex amigos. Por eso me apena tanto que “The Stand Ins” sea una obra tan flácida y vacía. Está claro: Okkervil River es un grupo con más estilistas que estilo propio. Will ha cambiado de peinado. Se visten con ropa moderadamente más cara. Y sus canciones, bueno, sus canciones suenan a Gene. ¿Alguien se acuerda de Gene? Sí, aquellos que eran como la mala copia de una edición facsímil de una fotocopia de The Smiths. Y “The Stand Ins” es puro Gene, algo así como el piso piloto que nunca lograrán vendernos.

13 septiembre 2008

Sueño con algo que no necesita amanecer.



Cuando mi abuelo estaba en su lecho de muerte empezó a delirar. Durante muchas tardes, noches, amaneceres, madrugadas... todo aquel o aquella que me precedía marcaba un terreno que nunca lograré pisar. Sus hijas, su esposa, sabían que debajo de la colcha y de esa cama traicionera había una persona cuyos riñones habían dicho “hasta siempre”, cuyo estómago se había despedido del mundo, cuya higiene, por tanto, dependía a su pesar, de otros, de los demás, de los que estaban de más. Su corazón tampoco era un granché, como se dice en italiano. En el vestíbulo miraba a los ojos a mi padre y me veía a mí mismo dentro de unos años. Cuando me toque el testigo, odiaré al jurado. Cuando alguien me lo jure yo no querré prometerme. Recuerdo a mi abuelo con las mejillas transparentes, como un menú del día de provincias; mi abuelito, el agüelo que me educó en lo educado, que me corrigió en lo correcto, que me enseñó lo evidente, que me obligó a dudar de todo y de todos, incluso del anarquismo, del comunismo, del socialismo, del buenismo y del malísimo yomismo; del 82, del 86, de todos los mundiales que acarrean frustración o partidos contra Honduras, hondos encuentros contra nadie. Aquel que me dijo que no podía fiarme de la mitad de la cuadrilla, porque eran padre e hijo. Que me habló del policía del duro, que me regaló un reloj antiguo como el mundo. Mi abuelo, siempre con una frase en la punta de la lengua, una frase que por cohone iba a durar mucho más que él. Y yo pescando frente al mar muerto, o el mar Rojo, ya no sé. Sin cebo, sin cebarme, sin entrar en detalles, sin salir de ellos.

Valga esta entrada como homenaje al hombre que hizo que aprendiera a reírme de mí mismo. Al señor que consiguió que todos se rieran de mí y me diera igual. Que me sintiera equidistante, distante, diferente, igualitario, gaditano, saborío, soso y caustico a la vez, nieto de mi abuelo, sangre de mi sangre, sangre de la sangre que se consumió y ahora Dios o el Diablo sabrán donde estará.

No sé con qué pretexto, pero Luis de la Pica me recuerda a él.

Viva lo bohemio

No tengo más palabras.

11 septiembre 2008

La verdad sea dicha



Una de mis cuentas pendientes es no haber firmado el libro que ilustra esta entrada. Bueno, al fin y al cabo Antonio Luque afirmaba que al enfadarme yo ponía cara de apicultor. Es broma. Pero hace gracia. En serio.

En realidad lo que quiero decir es que me apena no haber podido publicar mi tercer libro de poemas (titulado, ejem, "Ensayando una mueca"). Sería la continuación a "Verano Muerto" que "data" de 1999 nada más y sobre todo nada menos. Quitando un par de apariciones en Babelia y alguna colaboración de aquí-te-pillo-aquí-te-edito, desde entonces sigo inédito.

Y resulta frustrante de verdad. A pesar de ciertas tentaciones para dar gato por liebre, algún concurso evitado más por pereza que por integridad y la siempre socorrida opción de la autoedición (buenos días, tristeza), de momento no news mean bad news.

Y lo peor es que sin tercer libro no habrá cuarto. Y aún peor es reconocer que el cuarto está casi terminado, y que me encantaría empezar el quinto.

Pero la cuadratura de los círculos literarios está en mi contra. O simplemente no soy lo suficientemente bueno. Mis metáforas quizá sean como el bacalao seco que se vende en los mercados el día antes de Navidad: una ganga para pobres donde el primer pobre soy yo, Señor Paupérrimo.

Al final tendré que fotocopiarme por dentro en forma de fanzine. "Menos que xerox", podría llamarse el invento (que me perdone Mr. Easton Ellis).

Y entonces esto me ha sorprendido. He mirado una y mil veces la fecha del post para comprobar que no es 1999 o 2000. Que viva la buena memoria, que no hace daño a nadie.

Sorpresa!

El dolor, hijo, el dolor...



Mi relación con Thalia Zedek y Chris Brokaw viene de largo. Juntos y por separado han estado conmigo en muchos momentos personales y profesionales. Cada uno con sus cosas, sus dimes y diretes, sus rosas y espinas. Y a pesar de la erosión del tiempo, de los excesos de confianza (por mi parte), de la admiración que siempre he sentido por ellos, hemos logrado cultivar una amistad de la que me enorgullezco.

Pero (también, y me repito) a pesar de haber organizado varias giras de Chris Brokaw y Thalia, ya ambos en solitario, aunque hemos recorrido España y Portugal varias veces en la misma furgoneta, aunque hemos compartido camerinos, habitaciones de hotel, festivales, bares, chistes y carajillos, nunca me había atrevido a preguntarles si querían juntarse de nuevo para dar un concierto como COME.

Sin nada que perder, por fin lo hice. Y resulta que pueden. Lo harán. Estarán en el Tanned Tin 2008, el sábado 15 de noviembre, antes que Mount Eerie y después de Deer Tick (y desde luego un par de horas antes que The New Year, que tampoco podemos abusar), recuperando un legado que sigue teniendo sentido, tocando durante una hora o más y recordándonos que COME siguen siendo uno de los grupos más importantes de los últimos 20 años. Blues, rock y noise al servicio de la emoción pura. O como dice un amigo, del dolor sin más, del dolor.

ES OFICIAL,

COME are COMING

09 septiembre 2008

Dennis Cooper, de nuevo radiografiado



Entrevista con Dennis Cooper, luego publicada AQUÍ
Hay alguna diferencia entre ambas versiones... La prensa escrita es lo que tiene...

Dennis Cooper: merendando en la mesa de autopsias

Dennis Cooper (Pasadena, 1953) no es un escritor cualquiera. Novelista de culto, poeta, ensayista, bloguero, periodista (Marilyn Manson se negó a ser entrevistado por él porque le veía demasiado extraño)… nunca ha dejado indiferente a nadie. Su búsqueda de la belleza a través de renglones tan retorcidos como la violencia, el sexo adolescente o la muerte es legendaria. Sorprende pues que haya firmado un contrato por tres libros con la editorial Harper Perennial (perteneciente a la benemérita HarperCollins). Lejos quedan ya sus novelas para Anagrama (“Contacto”, “Cacheo”, “Tentativa”), pero su influencia es perenne tanto en jóvenes autores como en músicos de la talla de Jaime Stewart (Xiu Xiu) o Nacho Vegas. “Si Sonic Youth lo hicieron –refiriéndose a cuando la banda neoyorquina fichó con la multinacional Geffen Records en 1990 tras una larga trayectoria independiente)- entonces yo también. Ellos usaron su poder de un modo eficaz”.

En los USA publicaste al mismo tiempo “God Jr.” (inédita aquí) y “Chaperos” (El tercer Hombre, 07)… Para bien o para mal yo siempre seré el tío que escribe sobre sexo y sobre muerte. Al publicar “God Jr.” y “Chaperos” a la vez, el primero no funcionó ni mejor ni peor que mis libros anteriores; pero “Chaperos”, quizá mi obra más extrema, ha sido un éxito rotundo.

Y ahora entras a formar parte de uno de los principales grupos editoriales anglosajones. En esos círculos literarios se me considera un buen escritor, pero la sugerencia de que debía tratar temas menos escabrosos siempre estaba ahí. Me decían que si entregaba algo más accesible, el mundillo se rendiría a mis pies. Por supuesto, eso es una afirmación estúpida. Como te respondía anteriormente, he tenido más éxito limitándome a ser yo mismo.

¿Y qué podemos esperar de la unión de Dennis Cooper con Harper?
Pues al Cooper de siempre, ni más ni menos. Primero un libro de relatos (“Ugly Man”) a principios del año que viene, luego una colección de ensayos, y finalmente mi próxima novela.

Hay quien te considera demasiado hiperactivo, difícil de seguir o de abarcar…
Lo creas o no hay muchos más proyectos que rechazo que aquellos en los que me implico.

Una de las peculiaridades de tu obra es que a través de ella nos conduces hacia otros artistas. Me pasa con Robert Bresson. O con Robert Pollard (Guided by Voices). No distingo entre su arte y el efecto que éste ejerce sobre mí. Me emocionan y me instruyen tan profundamente que no logro ser objetivo, y solo puedo pensar en contagiar a los demás del mismo sentimiento visceral.

Te tomas muy en serio tu blog, ¿verdad? Durante mucho tiempo me resistí a la idea de Internet, pero el blog me pareció misterioso, mágico, como una revelación. Puedo escribir sobre anarquismo en España, la escena rave de los 80, cine auténticamente trasgresor…Y me encanta hacer listas, como la de los mejores escorts masculinos, formas de suicidarse en Japón, mis libros favoritos del momento, etc. Denniscooper-theweaklings.blogspot.com/ es un pequeño club de intercambio de ideas, tan importante como cualquier novela. No lo veo como un diario, porque aunque hable de mí mismo en realidad actúo como una especie de moderador creativo.

A veces tus personajes solo encuentran la paz a través de la pornografía. El porno tiene que ser cerebral, una actividad meticulosa, como llenar un vacío. Mi momento favorito de cualquier película es cuando los actores –más que el director, desde luego- logran crear la ilusión de que existe un instante en el que se desencadena el deseo. Una décima de segundo en la que alguien decide abandonarse, o ceder, abrir las piernas, o arrodillarse, dejarse llevar o llevarse a alguien.

Y Dios, o la idea de Dios siempre está presente…
Nunca he sido una persona religiosa, ni siquiera en mi infancia. Me interesa la idea de Dios y la necesidad de mucha gente de crear uno propio, y en mis novelas hay personajes que anhelan encontrar algo equivalente a Dios en aquellas cosas que les confunden y aterrorizan al mismo tiempo: el amor, el sexo, la belleza. Tienen una idea y se entregan a ella como los fanáticos religiosos: están tan consumidos por su Dios que pierden cualquier sentido de la realidad.

A mucha gente le resulta difícil explicar de qué van tus novelas. Creo que mi obra versa, primordialmente, sobre la confusión. Intento que represente esa confusión, tratada de modo frío. Es la única forma honesta de conocimiento, y cuanto más confuso te sientes, más cerca estás de la verdad.

Y siendo abiertamente gay reniegas del mundo gay… Ser homosexual no es importante en mi vida. Mis personajes tampoco hablan de ello. Resulta que desean a quien desean, el género no es relevante. Eso es significativo porque entonces ese deseo se vuelve incontrolable, descabellado, salvaje. Tengo la suerte de ser uno de esos pocos escritores que, siendo gay como Burroughs o Genet, y a pesar de hablar de forma explícita sobre sexo, no se han distanciado de esos lectores que no comparten sus gustos en la cama.

¿Y sigues recibiendo peticiones extrañas de tus fans? Bueno, hay quien todavía me pregunta si puedo mandarle pelis snuff o, directamente, niños de doce años. No me malinterpretes, la mayoría de los lectores son personas sensatas que saben que todo es ficción. Ficción que intenta ser verdadera y decir más sobre la vida que la misma realidad, eso está claro. Pero ya nadie envía cartas por correo ordinario, así que todo lo que recibo ahora son archivos adjuntos, mp3s y todo eso. Ya no son cosas escatológicas o directamente perversas como antaño. Tampoco lo echo de menos, la verdad.

Dennis Cooper y el rock
La prosa y la poesía de Dennis Cooper están plagadas de referencias al rock más arriesgado. Y son numerosos los artistas underground que han mostrado interés en su obra, incluyendo un CD de homenaje, “Dennis, Story-Song”, en el que participan Robert Pollard, Xiu Xiu o Richard Hell… Pero ¿porqué hay tan pocos escritores contemporáneos que se dejen influir por la música que hacen artistas tan trasgresores como ellos? Dennis lo tiene claro: “hay muchos autores interesados en la música actual, pero la mayoría son muy puristas. No hablan de música en sus textos porque están obsesionados con merecer el respeto de la crítica, y ésta tiene la caduca idea de que el rock no es serio, tan solo algo para adolescentes”. Y Cooper sigue poniendo sus ojos en la escena actual: “me gustan cosas como SunnO))), Liars, Deerhunter, Animal Collective... Me atraen muchas bandas de New Black Metal como Heart, Boris, Om… porque se toman muy a pecho su obra, y ésta tiene el mismo sustrato que siempre había hecho del Heavy Metal y sus subgéneros algo fascinante. En realidad, están reinventando el heavy, extirpando toda la porquería que ha acumulado durante las últimas décadas”.

04 septiembre 2008

Dosh: el antipop de anticon



Mi admiración hacia el sello Anticon no deja de crecer. No es ya el modo en el que se autogestionan, o cómo practican una envidiable economía de medios, o que lleven a la práctica el "do-it-yourself" de una forma tan disimulada. Es que su nómina de artistas incluye a Sj Esau, Sole, Bracken, Why?, 13 & Gold, Odd Nosdam, Thee More Shallows, o Dosh. Su amplitud de miras no está reñida con una firmeza ética y estética que verdaderamente envidio. Pero Martin Dosh es quien creo representa mejor el espíritu Aticon de ahora mismo. Por decirlo de alguna manera, es el abanderado del sello, portador de todas las virtudes que he intentado enumerar aun quedándome corto. Y "Wishes and Wolves" impacta de un modo semejante al "EnTroducing…" de Dj Shadow. Al menos conmigo lo ha conseguido. No importa que haya contado con las aportaciones de Andrew Bird o Bonnie "Prince" Billy, lo que destaca en este álbum es la consistencia compositiva de Dosh. No es un "corta-y-pega", sino un "pega-pega-corta". Más que bricolaje práctica un tipo de ingeniería musical que me deja totalmente descolocado. Entre el jazz, la experimentación libre, la electrónica, el minimalismo, el pop, la poesía, los ritmos sincopados, Sun Ra, Prince, Neu!, paisajes que van de lo clásico a lo contemporáneo (aunque nunca cayendo en el cajón de la música clásica contemporánea), el dinamismo de "Wishes and Wolves" es tal que no puedes dejar de moverte, aunque sea solo por dentro. Dosh es un auténtico maestro en conseguir que sus canciones sean episodios consecutivos de una misma serie. Puedes disfrutar cada uno de ellos por separado, pero es mucho mejor dejarse llevar hasta la conclusión, nadando entre géneros, buceando en un mar de sensaciones.

La sombra de Dj Shadow

02 septiembre 2008

Silver Jews: Berman sin "g".



Mi primer encuentro con David Berman fue, creo, hacia 1996, justo después de que publicase “Natural Bridge”. Nos comenzamos a escribir. Yo le mandaba poemas en castellano, que él traducía sin tener ni idea de nuestro idioma. Es decir, los interpretaba. Luego me los enviaba por carta, y yo hacía lo mismo (aunque con la ventaja de que mi inglés era mejor que su español). Los resultados eran bastante curiosos. Se trata de un tipo muy creativo y ocurrente. Luego, dos años después, vino a Madrid para hacer promoción de “American Water”. Quedamos en vernos, pero un asunto familiar frustró una cita muy esperada por ambos. Esa misma noche David se adentró por las calles de la capital y se metió en problemas. Sin saber ni como ni porqué se vio rodeado por unos chavales que le golpeaban la cabeza, y terminó con un tímpano dañado y la mente en blanco. Apenas recuerda cómo salió de aquello. Sin seguro médico, y de vuelta a los USA, recurrió a un amigo más pudiente que él y digamos que se recuperó, aunque desde entonces su oído derecho no ha sido el que era. Siempre recuerdo todo esto cada vez que me enfrento a un nuevo disco de Silver Jews. Y no puedo ignorar lo buenos que son los poemas de su único libro hasta la fecha, “Actual Air”. Ni que le considero a la altura de Will Oldham y un peldaño por encima de Bill Callahan dentro de los compositores norteamericanos de los últimos 20 años. Y si cabe alguna duda, “Lookout Mountain, Lookout Sea” es su mejor disco. Un disco en el que “Suffering Jukebox” y “Open Field” brillan con luz propia, recordándome que es uno de pocos poetas-músicos actuales con voz propia (si, entre Calvin y Johnny… ¿Y qué?), con discos propios, con estilo propio, como si Bob Dylan nunca hubiese tenido aquel accidente de moto, y aún así siguiera evitando convertirse en la voz de una generación, de la generación que sea, la voz de su amo o de sus sirvientes. O, como suele ser costumbre, la voz de ambos al mismo tiempo.

Aquí un poeta