
La foto (que tomo prestada del foro del Primavera Sound; gracias, Tra-La-La) muestra claramente un Teatro Principal de Castellón en plena combustión, ebullición o quizás desintegración, que ahora mismo me siento más de letras que de ciencias aunque normalmente me suceda lo contrario.
Siempre que ha terminado una edición del Tanned Tin tenía ya en la cabeza algunos posibles grupos para la edición siguiente, una especie de quiniela mental que luego con los meses iba configurando, creo que con mayores éxitos que fracasos. El caso es que después del pasado 16 de noviembre, no soy capaz de imaginar un modo de mejorar el evento.
No quiero ser presuntuoso: sé que con mayores medios, tiempo y suerte el Tanned Tin puede seguir creciendo, como lo ha hecho durante esta última década. Y doy por hecho que el lector sabe que hay grupos que de antemano nunca nos podremos permitir, por lo que ni siquiera se toman en consideración.
Lo que quiero decir es que el nivel de compromiso adquirido por Acuarela (y por Septiembre Recuerdos) hacia el Tanned Tin alcanzó un punto álgido hace dos semanas. Lo vivimos todo con tanta intensidad que nos parecía que ya no habría más música al final del túnel. Han sido semanas, meses, de riesgo patrimonial, personal, emocional, médico. Nunca nos habíamos implicado tanto en algo, a sabiendas de que sin esa implicación el festival no hubiera sido posible.
Hay muchas cosas que contar, como el hecho de que hasta unas horas antes del comienzo todavía no supiéramos si podríamos pagar a los grupos. O que ahora mismo, tampoco tengamos claro si el Tanned Tin 2009 se hará en Castellón o no (no depende de nosotros, que seguimos poniendo todo el empeño en no cambiar de ciudad).
Nos hemos acostumbrado a Castellón. A un público fiel, a un Teatro con un sonido óptimo y un personal técnico de categoría. Pero también a las zancadillas institucionales, a la indiferencia de entidades que no saben valorar un evento que ha situado en el mapa cultural una ciudad como Castellón durante 5 días cada mes de noviembre.
Espero que sepamos explicarnos mejor que aquí
Quién sabe lo que nos deparará el futuro. De momento, nos está costando recuperarnos (y creo que hablo por todos en Acuarela). Los cuerpos y las mentes ya no son las que eran en 1998, qué digo, ni siquiera en el 2003, y la vuelta al cole está siendo difícil.
También para este blog, al que prometo dedicar más tiempo apenas respire hondo.

