16 mayo 2008

Un equipo que quita el hipo


Hoy he estado en la sala Neu! (Galileo) con los preparativos de los conciertos de aniversario de los días 24 y 25 de mayo en Madrid. Hay un sinfín de detalles relacionados con las actuaciones que el público suele ignorar (no por ignorancia, simplemente, se pasan por alto). La hora de llegada de los grupos (algunos por tierra, otros por aire), si comparten equipo o no, si hay muchos vegetarianos entre los artistas (esto varía drásticamente el catering que se les puede ofrecer), la hora real de inicio de los conciertos, las limitaciones de volumen de cada sala, la carga y descarga, si hay un parking cerca o no, y a veces hasta decidir en qué momento hay que decirle a un cantante que tiene que tocar el último tema porque nos salimos de horario. Todo esto sin contar con la recogida de las entradas anticipadas, la lista de puerta, las reservas, el merchandising, los tickets de bebida, el pago a quien haya pegado los carteles, el hotel (preguntas míticas: "¿incluye desayuno o no?" o "¿Esta doble de uso individual podría no tener uso individual?") y cualquier asunto que pueda surgir.

Cuando estás metido en un "negocio" en el que cada persona hace el trabajo que en cualquier empresa de otro sector harían tres o cuatro empleados, tienes que estar pendiente de todo de un modo casi enfermizo. Coleccionas úlceras, acumulas bicarbonato. Todo es, potencialmente, el problema y la solución. De ahí que -lo confieso- me cueste tanto disfrutar de un concierto en el que estemos implicados. De ahí que sea casi imposible que pueda relajarme en nada relacionado con Acuarela, Tanned Tin, etc... Por ese motivo más de un artista me ha sugerido que por favor no le acompañe a las pruebas de sonido, o que abandone el camerino antes de que sean ellos los que pierdan los papeles contagiados por mi estrés y el temblor de mi voz y de mis manos.

Ahora mismo ya doy un poco de pena, lo asumo, pero esta entrada es para confesar que si de algo puedo vanagloriarme, si en algo soy bueno, es escogiendo las personas que trabajan conmigo. Tengo cierta intuición para rodearme de la gente adecuada, un equipo que enmascare mis defectos y dé lustre a mis virtudes. Para los que como yo nacieron seguros de ser inseguros, no es algo a tomarse a la ligera. En más de una ocasión he pensando "si cierro los ojos y pasan las horas, seguro que ellos han conseguido solventar este problema, seguro que han logrado librarme de esto, de esta, de aquel o de aquello". Y casi siempre ha sido así. Casi siempre han hecho que mi trabajo (es decir, mi vida) sea mucho más fácil, más manejable, más al alcance de mi mano y de mi entendimiento.

Será el vino o será el disco de Arvo Pärt, pero ahora mismo me siento más orgulloso que hundido. Y eso, a una semana de nuestro aniversario, es casi un milagro.