11 marzo 2011

Lo que sé de ZA! -


por Jesús Llorente

La leyenda urbana o historia apócrifa dice que la madre de Peter Sellers le dio tan solo un consejo en su vida: que el mejor momento para marcharse de una fiesta era cuando ésta se encontraba en su punto álgido, o mejor, exactamente cuando mejor se lo estaba pasando uno. La primera vez te sentirás un poco frustrado, quien sabe si mirando al techo en tu habitación intentando que la felicidad baje en paracaídas en una especie de viaje astral invertido. Pero a la larga te hará mucho bien. De convertirlo en hábito será la base de una existencia dichosa. Piensa en ochenta mil versiones de un coitus interruptus pero al revés.

Sirva esta parrafada para confesar que me resulta imposible abandonar un concierto de ZA! en ningún momento del mismo. Aunque pueda dividirse en trechos o en tramos, veo complicadísimo adivinar en qué instante he llegado al cénit. Como una muñeca rusa que se viste a sí misma, las capas se superponen más allá de los pedales y del pedal correspondiente. Es cierto que domina la euforia, y se vislumbra el atisbo de una epifanía, pero también surge la sensación de que quizás la próxima vez no vaya a ser lo mismo, que ya hemos cruzado todos los sietemiles, que es la última vez que te van a afectar exactamente de ese modo. Es parecido al polvo de la llorera. Dos amantes que se han querido mucho se acuestan por última vez. No es algo planeado ni premeditado, simplemente saben que es así, sin palabras. Es cine mudo. Y sordo. Y casi subnormal.

Conocí a ZA! el mismo día en el que ellos me conocieron a mí. Un concierto en Vigo teloneando a los Yellow Swans. Yo era un banco en medio del medio Oeste. Ellos forajidos que huían del escenario para luego volver. Me vi desbordado. Tuve que proponerles formar parte del sello, mi piscifactoría. No se resistieron, picaron. Pero hasta que publicamos Macumba o muerte abusé de su paciencia lo mismo que abusaron de mí los bancos y los acreedores. Hay una parte de mí que volvería a entonces en una máquina del tiempo y sentiría demasiada vergüenza de "ficharles". Suena prosaico. Profesional. Ágrafo. Esa parte de mí no sabría manejar esa máquina del tiempo y terminaría aliándose con los Morlocks. Ellos me decían que ZA! no tenían nada que ver con Acuarela, mientras desviaban mi atención hacía otras cosas: las deudas, los problemas domésticos, la superpoblación de artistas en mi oasis discográfico.

ZA! son superiores a mí y a mis fuerzas. No sé cómo componen, no sé cómo lo hacen. Lo intuyo, pero es una sensación fallida. Para que parezca que improvisas hay que saber tocar muy bien y saber ocultarlo. Disimular es importante. Disimular el mismo disimulo. Por eso cada vez que hablo con ellos, aunque sea en la mesa del merchandising me siento totalmente inferior. No es un complejo, es un completo. No recuerdo haber hablado con ellos de música, ni lo intento, y desde luego sería un error. Y si como personas son superiores a mí, como músicos van más allá de cualquier cosa que yo haya imaginado. Como empresario nunca me he sentido más cerca del caos, de un caos soportable. Un satélite errante o errado cerca de una estrella a punto de convertirse en supernova.

Es entonces cuando debo decir que sé que voy a perderles. Ya les he encontrado, así que no hay más alternativa. El mejor grupo del extrarradio barcelonés (pido a Nacho Vegas que explique la broma y el cachondeo implícitos) un día de estos, quizás después de su gira por los USA, quizás tras un nuevo álbum, me dirán adiós muy buenas. Lo espero como quien espera un tumor tras veinte años de cocaína, un gol contra el Barça, un Oscar honorífico, incluso un Goya a toda una vida, un recorte presupuestario, un “tenemos que hablar” de una amante despechada.

ZA! son un grupo 2.0, me dicen. Vienen por oleadas, me dicen. De repente me entero de que tienen gira, vinilos, planes, promotor de conciertos, fechas que no se habían anunciado, un tour por los US, otro por Alemania, festivales. Otros ya habrían puesto el piloto automático, Jiuston hay un problema. Pero no ellos. Vienen en avalancha, yo me agarro a un flotador invisible que me lleva a tierra y me permite anunciar lo anunciado, sacar punta a lo anunciable. ZA! vuelven a superarme. Licencias en Japón, Alemania, quizás el Reino Unido. Conduzco en sentido contrario y sé que hay una rotonda. Tengo miedo. Ellos no. Vinilo de color. Doble vinilo de color. Y yo, con mi doble cinismo en blanco y negro pienso que debería vivir el momento para no morir al instante.

No me acuerdo de cómo era mi vida antes de conocer a ZA! Sé que había algo que me molestaba. Como una camisa de fuerza cuando juras estar cuerdo, como un albarán sin factura, como alguien que sabe que jamás podrá estar a la altura, y por eso se empeña en dejar claro que lo suyo son los medios tiempos, los tiempos muertos, los textos como este sobre un grupo que es tuyo y al mismo tiempo has perdido, como el gato de Schrödinger, solo que visto desde lejos, con la debida distancia indebida, como hasta ahora ha sido imposible calibrar a ZA!, a sus discos, sus canciones y a todos sus muertos.

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8 comentarios:

hiperboreana Ingrid dijo...

Qué emotivo el texto, Jesús, incluso yo me he puesto contenta y triste a la vez, como quien ve partir un hijo a la mili o a la universidad (que a veces se parecen)... Aix! Nuestro Za! de cada día.
abrazos,
I.

Acuarela dijo...

Gracias por haberlo leído. Son de estas cosas que salen así, sin más. No sé por qué lo he publicado mientras vuelan a los USA, para que no me puedan responder nada inmediatamente, jejeje...

joseghast dijo...

Muy bueno el texto, Jesús. A mi también me conquistaron en directo: el sitio sonaba mal, el equipo sonaba raro y el técnico debía de ser de esos que hay que no escuchan mucha música. Pero los tíos lo dieron todo y superaron todas esas cosas, que al final tampoco son tan importantes (como diría Isabel: "Son cosas de técnicos de sonido que no le interesan a nadie").

¡Saludos!

EstefunnyZa!fan dijo...

Me siento feliz al ver como despiertan en otros emociones e ideas parecidas a las mías, desde una posición totalmente distinta, como mera espectadora entusiasta bailonga.
Siento que lo que consiguen ese par de genios se me escapa totalmente de las manos, me raptan desde el estómago y me excitan las neuronas en una combinación imposible, integrando los habitualmente disociados pedazos que me conforman. Infinitamente agradecida les estoy!!
Ánimo con esa nostalgia anticipada!
:)

Acuarela dijo...

La cosa es totalmente inesperada. Después de tantos años con el sello todavía hay muchas cosas que me asombran, me desarbolan, me vuelven del revés. Quizás por eso no soy técnico de sonido, hehe. Y es verdad, son unos genios. Y hasta me hacen bailar.

jose.antonio.vázquez dijo...

Genial texto. Genial temple para pulsar Pause y concebirlo

ezlekuak dijo...

Joder. No hay nadie que que escriba sobre sentimientos y música como Jesus Llorente. Así de claro.

Tengo un record del mundo (o de eso me he autoconvencido) : en el 2008 vi 10 conciertos de Lisabö. Jamás pude salirme antes de que terminara. Y me costaba salir despúes...Supongo que con Za! me pasará la mismo, qué ganas de verles !!!

Aupa Za! Aupa Mursego!

Acuarela dijo...

¡GRacias! Y a mí lo que me gustaría es contratar a Mursego para el Tanned Tin 2012, o incluso para tocar con ZA! en Madrid... ¿Como hacerlo?