"Resituación" sale a la venta el 8 de abril en Marxophone
Hace cinco años escribí un poema dedicado a Nacho Vegas que terminaba con los siguientes versos: “Digo que tus manos serán siempre / grises antes de oscurecer del todo, que tus dedos / se mantendrán firmes a lo largo del poema, que / si no te hace sentir más desolado, lo que debo decirte / es que espero que seas bueno con todo el mundo siempre / y en toda ocasión, amigo mío, / con sólo algunas notables excepciones”. Ahora, el sexto trabajo de Nacho trae las notables excepciones de las que hablaba ese canto a la vida que pertenece ya a otra época.
Hace cinco años escribí un poema dedicado a Nacho Vegas que terminaba con los siguientes versos: “Digo que tus manos serán siempre / grises antes de oscurecer del todo, que tus dedos / se mantendrán firmes a lo largo del poema, que / si no te hace sentir más desolado, lo que debo decirte / es que espero que seas bueno con todo el mundo siempre / y en toda ocasión, amigo mío, / con sólo algunas notables excepciones”. Ahora, el sexto trabajo de Nacho trae las notables excepciones de las que hablaba ese canto a la vida que pertenece ya a otra época.
Resituación, además de
la obviedad socio-estratégica del título, es también el disco en el que el
asturiano más se retrata a sí mismo por medio de terceros. Pueden ser
personajes pajeándose con calcetines a modo de condón, eslóganes electorales,
mozas de aldea, amores decimonónicos o actores poco memorables. El caso es que
parece obvio que Nacho Vegas ha decidido,
sin ambigüedades, representarse a sí mismo, dar un golpe en la mesa, y obligar a callarse a testigos, jueces y parte.
Y
por eso nos alegramos de que el tema más solemne del disco sea instrumental. Y
que luego escriba sobre la realidad (y al mismo tiempo sobre la verdad) con
tanto tino, sembrando de epifanías una obra con muchos sujetos y unos cuantos
predicados en la que no hay espacio para los clásicos zooms hacia el ombligo
del cantautor al uso. Si todo gesto y casi toda emoción son políticos, se trata
de un elepé político que va de la alcoba a la alcazaba sin pestañear. No
confunde la masturbación con el amor propio, y ante la pregunta de si se trata
de un elenco de canciones-protesta o de canciones-confesiones la respuesta es:
no, aquí lo que hay son canciones-canciones.
Desde
“Actores poco memorables”, donde hace su sorprendente aparición –convirtiendo
el cine en teatro y viceversa- la versión más cruda y al mismo tiempo tierna de
Nacho, hasta “La Vida Manca” (una historia coral de lucha, ansias de “destrozar algo que no sea frágil”, y
venganza que se toma bien en caliente), Resituación
apela al corazón, a los pies, al bajo vientre, al cerebro. A estas alturas de
su carrera es obvio que Vegas merece todas sus influencias, pero no se puede
dejar de pensar en Lou Reed, en The Walker Brothers, en el Bob Dylan de Street Legal. También en Woody Guthrie,
Leonard Cohen o los Rolling Stones; hasta en el Morrissey de Bona Drag, cuando todavía era más humano
que divino.
En
fin, referencias que perezosas se acurrucan alrededor del asombro de escuchar
temas tan intachables y bestiales como “Adolfo Suicide” (¿la cima melódica del
asturiano?), “Polvorado”, “Ciudad Vampira” o “Un día usted morirá”. Porque
resulta complicado sacar de contexto una canción y obviar que Resituación supone un hito en su
biografía musical. Textos e instrumentación caminan de la mano, sin soltarse
jamás. Y en ese camino le acompaña su banda, La Trama Asturiana (con la ilustre
incorporación de Joseba Irazoki de Atom Rumba), donde sota, caballo y rey suenan a gloria. Y suman talento la aportación puntual de Javier Mas (habitual a la guitarra en los
directos de Leonard Cohen), y de la iconoclasta Maite Arroitajauregi de Mursego.
La
inspiración no engaña, y en este disco resulta tan transparente como
abrumadora, con su dosis de hoz, martillo, puñetazo y hasta envenenada
intimidad (“¿No ves que me pongo bien / y
me olvido de la muerte?”, nos canta en la mencionada “La Vida Manca”). Y es
que, como con los clásicos, basta con dejarle hablar. Entonar, en este caso y
que frases (¿versos?) como “Polvo somos y
en pólvora nos convertiremos” resuman perfectamente lo que quiero decir.
Marxophone
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