29 diciembre 2008

Reciclando críticas del 2008


Algunas críticas publicadas durante el 2008 en la revista Rock de Lux. ¿Me arrepiento de alguna? Sí y no. Cada vez me cuesta más enfrentarme a un disco que no me gusta, y descalificar el trabajo de otros me deja un regusto amargo, pero es que algunos lo ponen tan fácil...

The Hives - The black and white album (AM Records)
Cuantas horas desperdiciadas hablando de los aciertos o desaciertos de las listas del año cuando en realidad debería considerarse la posibilidad de añadir nuevas categorías. Los chicos de pitchformedia.com ya lo han hecho con su divertidísimo elenco de las portadas más feas del 2007. Y yo propongo ahora confeccionar un top 10 con los peores discos, este de los suecos The Hives entre ellos. En realidad resulta interesante comprobar que su crudísima combinación de garaje, punk y rock ‘n’ roll pasado por la thermomix de la moda y el descaro juvenil funciona a ratos. Puedes llegar a preguntarte qué es lo que está sonando en tu bar favorito si el DJ pone alguna de las canciones de “Veni Vidi Vicious” o “Tyrannosaurus Hives”. Te lo dirán, y entonces recordarás su nombre porque te suena a The Vines o a The Strokes. Y puede que incluso tengas fresca en tu retina actuaciones como en las del pasado FIB, cuando lograron acallar los bostezos de los grupos que les miraban con desdén desde el backstage gracias a su saber estar sobre el escenario. Dicho esto, hay que reconocer que no es un legado demasiado vibrante. Sobre todo cuando “The Black and White album” –grabado en Oxford, Mississippi con la ayuda de Dennis Kerring (quien ha trabajado con Elvis Costello o Modest Mouse)- resulta tan poco memorable. No es ya que ni a sus propios fans les haya enamorado, es que dudo que puedan enganchar a nadie con unas letras tan vulgares, una producción tan lineal, esos estribillos archisabidos, y desde luego tanta pose, tantos gritos de falsa rebeldía y tanto auto-bombo. Frenesí post-adolescente que algunos calman en un sex-shop y otros cultivan grabando discos y considerándose los salvadores del punk-rock.

Film School - Hideout (Beggars Banquet)

Film School siempre me han parecido un grupo con una capacidad innata para recordarnos los grandes que son The Cure. Bueno, en realidad, no solo The Cure, también –salvando las distancias- Pale Saints, o los primeros Ride, es decir la línea que va desde los Joy Division de “Ceremony” hasta… ¿el emo? ¿The Appleseed Cast? ¿Radiohead? Obviamente, no veo problema en ello y de hecho todo son ventajas. Acuda usted a un concierto de Film School, y si puede ser, de la mano de alguien que le haga sentir más joven (dicen que un hombre tiene la edad de la mujer que acaricia) y la formula funciona. In crescendos, psicodelia, la suma feliz de ruido y melodía, momentos referenciales, estribillos de los de toda la vida, la posibilidad de que esto lo disfrute un/a fan de Smashing Pumpkins o hasta de Panic! at the Disco, el puño en alto, ojos que asienten, la sonrisa de ella, y como te aprieta la mano evocando aquellos tiempos cuando no te sentías como Nicolas Cage en… “Adaptation”. No quiero decir que “Hideout” sea un mero ejercicio de nostalgia. La verdad es que hay pocos sonidos tan de aquí y de ahora. Son más un trampolín hacia otros artistas y otras músicas que una cama antigua en la que hundirse sin remedio. Y me recuerdan a cuando paseando por el metro un vendedor gritaba “compren, compren las camisas que nunca se pasaron de moda” y alguien respondió “¡porque nunca lo estuvieron!”. Es un poco lo que les pasa a Film School o a la ropa de color negro o con las personas que se emocionan con algo nuevo que en realidad es lo más viejo del mundo o con algo viejo que aparentemente no podría ser más novedoso.

Savage Republic - 1938 (Neurot)
Grupo de culto desde sus mismísimos inicios (parece que dijeron “vamos a hacer un grupo de culto” antes de decidirse incluso por un estilo o un camino a seguir), figuras legendarias del post-punk de Los Ángeles de primeros de los 80, Savage Republic son la clásica referencia que es más citada que escuchada (o incluso alabada). Fundada por Bruce Licher (del que recientemente conocíamos su proyecto Scenic y que ahora ya no está en la banda), nunca tuvieron la complejidad ni el armazón literario de los Swans, pero siempre se acercaron a sus amados PIL en maneras e intenciones. Si bien produjeron una buena serie de discos entre 1981 y 1989, su mayor impacto estaba a menudo en los directos: tribales, industriales e inspiradores para, por ejemplo, Neurosis, como ellos mismos no se cansan de confesar. Tras una breve reunión en el 2002 ahora vuelven con una remozada formación –ninguno de los miembros que grabó “Tragic Figures” en 1981 está presente en el actual quinteto, aunque tres de ellos sí se subieron al carro ya por 1984- y ninguna expectativa de fama o de fortuna. Y eso a pesar de que “1938” es un disco muy digno; de hecho, un disco conceptual sobre el totalitarismo y el genocidio, un álbum oscuro y denso, con influencias de Can, Chrome, Birthday Party o la Neubaten, pero sobre todo con la capacidad de seguir influyendo, aunque sea de forma modesta y casi imperceptible, a nuevas generaciones por medio de sus percusiones, su ruido, sus ritmos repetitivos y una actitud digna de ser alabada.

British Sea Power - Do you like Rock Music? (Rough Trade)
El éxito es a veces caprichoso. La suerte puede ser esquiva. Nos merecemos más. No somos nada (y queremos serlo todo). Seguro que son algunas de las frases que se pronuncian a menudo en el local de ensayo de British Sea Power. Que un grupo tan competente no pueda comerse una parte del pastel (aunque sea una vela, o el merengue) que tan ávidamente devoran Interpol o Editors puede verse como una injusticia. Porque llevan años esforzándose. Porque sus canciones tienen gancho –aquí por ejemplo el single “Waving Flags” es una mezcla perfecta de Kitchens of Distinction y Arcade Fire con forma de himno o mejor, anti-himno-, porque sus melodías resultan contagiosas, sus letras nunca banales y tienen un sentido estético ingenuamente pretensioso, elegante en el mejor sentido de la palabra. Entre el pop y el post-punk, entre los Psychedelic Furs y Chejov, el tercer álbum de esta banda formada en el 2000 por los hermanos Wilkinson engancha de principio a fin con unos ingredientes que no deben sorprender a nadie, pero que dejan muy buen sabor de boca. Como un menú bien pertrechado en un restaurante sin estrellas Michelin. Grabado con Graham Sutton (Jarvis Cocker o Bark Psychosis), Efrim Menuck (Godspeed You! Black Emperor) y Howard Bilerman (Hotel2Tango Studio) es una colección tan sólida como disfrutable, llena de detalles, intensidad y estribillos. Y creo que pasarán los años y seguiremos sin recordar ninguna mala digestión o mal trago alguno del tiempo que ocupemos tarareando sus canciones.

THE MOST SERENE REPUBLIC - Population (Arts & Crafts)
Una de las peculiaridades de Toronto es que además de la ciudad en sí –multicultural y francamente acogedora- existe otra metrópoli subterránea bajo las estaciones de metro y los edificios más emblemáticos, con sus calles, sus tiendas, sus locales de ocio. Es el único modo en el que su población puede hacer vida social durante el durísimo y largo invierno. En Toronto –lo comprobé en mi única visita a Canadá- hay grupos que te ofrecen un dólar si vas a su concierto, a sabiendas de que si te gusta su directo, seguramente gastarás mucho más en copas, en un disco, en una camiseta. De algún modo creo que ambos detalles definen bastante el espíritu de sus habitantes, siempre buscando soluciones imaginativas, siempre mezclando inteligencia y calor humano. The Most Serene Republic, única banda en Arts & Crafts que no incluye a ningún miembro de Broken Social Scene entre sus miembros, hacen lo mismo en ¨Population¨: suenan acogedores, y al mismo tiempo saben despertar la curiosidad del oyente. Dicen que hay truco, que se conocen demasiado al dedillo todo el indie-pop de los últimos 20 años, pero opino que da igual, porque el truco es bastante bueno. Canciones épicas, cerebrales y emocionales al mismo tiempo (como pasa con Subset Rubdown, Caribou, o los injustamente olvidados Zumpano), influencias que van desde el jazz al rock más clásico; todo ello da para casi una hora de un álbum que golpea con su dinamismo, que enerva con ciertas melodías, que deja con ganas de más, como casi todo lo bueno en esta vida.

Mia Doi Todd - Gea (City Zen)
Por lo visto este disco debería gustarme. Y no solo a mí, sino a cualquiera que considere a Mia Doi Todd una incomprendida musa del pop sensible cantautoril que tanto es de admirar cuando se tiene más sangre que una momia precolombina, que no es el caso. Y es que Mía, y que me perdone el chiste fácil, suena demasiado suya, demasiado ajena a que sea posible que exista un público que quiera escuchar sus canciones, embelesarse, incluso identificarse con ellas. Ya es difícil, con un título como ¨Gea¨ (en un sello llamado City Zen, no lo olvidemos), y un comienzo de casi 11 minutos titulado ¨River of life/The Yes song¨ en el que recuerda al peor Tim Buckley posible. Es en estos momentos cuando pierdes toda esperanza, y crees que es como Margaret Atwood con guitarra y sin talento para la poesía; pero también es entonces cuando, por inercia, inspiración o talento para mostrar muchas caras de sí misma sin desvelar la verdadera, Mia Doi Todd te obliga a que prestes atención a piezas como “In The End”, cercanas a la Joni Mitchell de principios de los 70, toda fluidez, sobriedad y empatía. Es una lástima que Mia prefiera, en general, encerrarse en un mundo tan hermético como el de más de la mitad de “Gea”. Un mundo de arreglos de cuerda y viento, percusión minimalista, con un detalle aquí y otro allá, un mundo que no está hueco (porque ella tiene muchas virtudes, por ejemplo, una voz que emociona cuando quiere), pero sí demasiado oculto, como si cantase desde una casa árbol en medio del desierto.

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