06 noviembre 2010

THE CLIENTELE – La belleza de la media luz


(entrevista publicada en la revista RockdeLux)

The Clientele, como esos grupos que no se pasan de moda porque nunca lo estuvieron, llevan más de una década cocinando un sonido propio a fuego muy lento. Desde Suburban Light (en realidad un recopilatorio de singles publicados entre 1997 y el 2000) hasta Bonfires on the Heath (2009) la trayectoria de este cuarteto británico ha sido la constatación de la máxima que dice que el carácter es el destino. Lánguidos e inteligentes, flemáticos e ilustrados, fiesteros e irónicos, sus canciones se mueven entre el clasicismo de Love y las melodías ensoñadoras de Television. E igual que hay personas que se vuelven más fuertes haciendo pesas con las cartas de amor que nunca envían, ellos han hecho de la fragilidad un arma, creyendo que inventaban un nuevo tipo de pop, convirtiéndolo en una emocionante ceremonia, infundiéndole vida. Hablamos con Alasdair Mac Lean, cantante y líder del grupo.

No ha sido fácil que la prensa admita que The Clientele tienen un sonido característico… No lo sé, la verdad, siempre he pensado que nuestras canciones eran únicas, que había algo distintivo en ellas. Quizás haya sido necesario publicar cinco álbumes para demostrarlo. ¡Hemos hipnotizado al oyente hasta doblegarlo! Quizás por eso se dice que hacemos melodías lisérgicas que acaban por alterar los sentidos. Pero la mayoría del tiempo lo que más nos preocupa es no equivocarnos con una nota, no desafinar, llevar a un escenario lo que hemos ensayado muchas veces. En realidad es más prosaico que practicar un estilo determinado: nos da miedo hacer el ridículo.

Y aún así la percepción de vuestra música varía enormemente de un continente a otro, ¿no?
En los USA sois uno de los grupos independientes más celebrados y podéis llenar salas de tamaño medio-alto… En el Reino Unido los grupos de guitarras y la prensa musical se han vuelto tan corporativos que no hay espacio para que los periodistas escriban sobre algo que les gusta. Muy al contrario, son obligados a redactar una especie de guías para el consumidor (¡irónicamente, ya que ya no se consume casi música al modo tradicional!). Aquellos artistas que son diferentes o que no forman parte de una escena previamente creada son, por lo general, ignorados. En los Estados Unidos hay una red subterránea mucho más organizada de sellos, grupos y periodistas. Me recuerda mucho a Inglaterra antes de Oasis y el Britpop, cuando pequeños proyectos artísticos y músicos no conformistas todavía podían atraer la atención del público. En el Reino Unido hay una secular tradición de ignorancia y filisteismo. Siempre hemos tenido una relación incómoda con el resto de Europa.

Pero vosotros sois considerados el grupo inglés por antonomasia. Canciones que podrían tararearse bajo la lluvia londinense, suelas mojadas, brumas, pop de cámara y todo eso… Decir que somos un grupo totalmente británico quiere decir que nos consideran reprimidos, dispuestos a vestirnos con ropa de mujer en plan de broma y que nos riamos de ello de forma demasiado histérica.

Incluso entre los mismos fans, hay quien os toma tremendamente en serio… Me temo que sí, hay gente que se acerca a todo lo relacionado con The Clientele (entrevistas, canciones, conciertos, incluso el diseño de las camisetas) de un modo muy serio y cejijunto, como si estuviesen visitando un museo. Pero también hay quien capta que hay un elemento de humor en lo que hacemos. Se trata de un humor sombrío y fatalista. Supongo que no todo el mundo lo encuentra divertido.

¿Cuáles son tus cómicos favoritos? En realidad no tengo paciencia para los humoristas. Creo que la gente que pide dinero por hacer que otros se rían son idiotas, y resulta una pérdida de tiempo. Dicho esto, Zero Mostel me parece divertidísimo.

A pesar del éxito, hace unos meses surgió el rumor de que os ibais a separar debido al cansancio y a la falta de verdadero impacto en las Islas. ¿Cómo sería un disco en solitario de Alasdair? Sería mucho más tranquilo y rítmicamente más complejo que uno de The Clientele. Acabo de terminar de grabar un álbum con Lupe (del grupo Pipas). Juntos tenemos un proyecto llamado Amor de Días. Tiene un rollo más bossa nova, con guitarra española, y contamos con un guitarrista de jazz, contrabajista, además de harpas, cellos, clarinetes y todo tipo de orquestación de cámara. Saldrá, espero, durante el 2011. En cuanto a The Clientele, la idea es dirigirnos más hacia la improvisación a la guitarra, alejándonos un poco del pop, que en todo caso empieza a ser una ocupación ligeramente indigna para un hombre de 36 años cumplidos.

Hay un antes y un después en The Clientele con la incorporación de Mel Draisey a los teclados en el penúltimo disco… Antes: un grupo más jazzy, con más espacios en el sonido, y menos opciones para ganar un concurso de modelos. Ahora: una banda de pop, con un sonido más amplio y propuestas de matrimonio de la gente que ve nuestros conciertos desde la primera fila.

Dime tres canciones de The Clientele de las que te sientas orgulloso y explica el porqué. Me encanta “When You and I were Young” de “The Violet hour” porque es muy sincera. Trata sobre los recuerdos, una serie de verdaderos recuerdos sin edulcorar por el arte o la timidez o el haber intentado cohibirlos. Hay un momento en el que la canción da un giro y nos habla del presente, y el “ahora” es incomprensible, mágicamente incomprensible. Todo ello es de una autenticidad que todavía me supera. Es una composición honesta que no rehúye la complejidad, y que funciona bajo ese prisma. “Rain” de “Suburban Light” es una canción de amor, una pieza sobre estar enamorado, muy bonita, con una estructura muy chula. Finalmente, “Impossible” de “Strange Geometry” reúne un aluvión de imágenes que tenía en mi cabeza y las sitúa unas junto a otras, y de algún modo todo cobra sentido, al menos para mí. Me encantan sus muchas texturas y el modo en el que se sostiene emocionalmente. Roland, el Caballero de los tiempos artúricos, finalmente llega a la Torre Oscura, y le vemos desde un brezal junto a las vías del ferrocarril en las afueras. Quizás no lo logre explicar bien, pero hay un elemento de asombro y maravilla, y terror que reconozco en mi propia vida. Puedo sentarme y pensar que he logrado expresar algo. Es imposible definir ese “algo” con palabras, pero ahí está… en esa canción.

¿La literatura y el arte en general son una mayor influencia para ti que la música en estos momentos? En este momento el grupo es muy consciente de lo que hace musicalmente. Casi tanto que da miedo. No hay demasiadas sorpresas en el tintero. La mayor parte de mi inspiración surge de esforzarme en usar correctamente la paleta musical de la que disponemos, así que muchas ideas salen del arte y la literatura. Es complicado hablar de esto sin sonar pretenciosos, pero la extraña luminosidad de los cuadros de Di Chirico es un buen ejemplo de ello. Es una noche clara y el viento del desierto soplando a través de las calles y los edificios abandonados. No puedes describirlo con palabras, pero está muy bien definido y resulta muy inquietante en los cuadros. Todo eso ha de poderse transcribir en una canción.

¿Cómo querrías que la gente recordara a The Clientele?
Dios. Vaya. Bueno, creamos nuestro pequeño mundo a través de la música. Fue un gran proyecto estético, no se trató solo de rock and roll. Quizás un día la gente considere eso como algo admirable.

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THE CLIENTELE: política atípica
Mientras estábamos de gira por España, hace quizás 5 años, hicimos una parada con The Clientele en un lugar que sabía que les iba a impactar. Se trataba de Casa Pepe, restaurante sito en Despeñaperros en el que atienen camareros ataviados con mandiles decorados con banderas preconstitucionales. Dentro del bar hay un nostálgico bazar con merchandising de lo más curioso, camisetas de la Falange, soldaditos de plomo de la Legión y chucherías varias homenajeando a Franco, Tejero, Jose Antonio. Aquel alto en el camino comenzó como una broma, ya que nos habíamos pasado horas hablando de política en la furgoneta. La Guerra Civil Española siempre ha sido un tema habitual de nuestras conversaciones, y el modo tan romántico en el que muchos británicos quisieron formar parte de ella. ¿The Clientele interesados en política? No tan deprisa: “Cuando Bush le robó las elecciones a Al Gore en el 2001 pensamos en escribir una canción protesta, pero abandonamos la idea, ya que no iba ayudar en absoluto a alterar es escenario geopolítico. De todos modos nuestros primeros singles contribuyeron, aunque sea de un modo sutil, a la intervención de la OTAN en Serbia y en Kosovo”. Alasdair, licenciado en Literatura e Historia del Arte, recuerda perfectamente Casa Pepe: “Fue como entrar en un mundo paralelo en el que los Nazis han conquistado Londres y cada botella de vino tiene la cara de Adolf Hitler en la etiqueta. Creo recordar que pedimos queso manchego y por el mero hecho de ser extranjeros y nuestra pinta, digamos, roquera, nos sirvieron solo los bordes del queso como un calculado insulto. Dejó de ser divertido tras 34 segundos”. Sobre la tendencia de los políticos británicos a convertir las calles del Reino Unido en un Gran Hermano con tanta cámara y la prohibición expresa de fotografiar edificios públicos lo tiene bastante claro: “Paranoia institucional. Bien sabemos que los Talibanes están por todas partes, casi siempre disfrazados de turistas suecos o canadienses”.

1 comentario:

Antonio dijo...

A mí me siguen gustando más las canciones de los primeros discos, temas como Reflections After Jane, Bycicles, 6am Morningside o The Violet Hour son su mejor producción para mi gusto. Recuerdo cuando les ví en el Colegio Mayor Luis Vives, por entonces yo estaba muy ilusionado con su música. Y hubo un momento en que para el bis empezó a tocar las primeras notas de Reflections After Jane (por entonces era su gran éxito), pero nadie gritó, nadie aplaudió ni se alegró (ni siquiera yo) y pienso que decidió tocar otra por ello (creo que repitió una de las que ya había tocado).