18 enero 2009

Urgencias



Es innegable que somos muchos los que vivimos pensando constantemente en el futuro, anticipando el tiempo, dándole al fast-forward con los dedos y hasta con las palmas de las manos. No, no es que queramos llegar antes que nadie a un universo cercano a Galáctica o Star Trek: Enterprise. Ni siquiera aspiramos a conquistar el mañana que se nos pinta en clásicos como Blade Runner, o a ser los primeros en adoptar las modas de vanguardia en el vestir o el comer, el cine o la música. Y si nos gusta la ciencia ficción es más como fantasía que como aterradora y amenazante realidad. En fin, nada de eso. La novela de anticipación en la que hemos convertido nuestras vidas consiste en experimentar una angustia extrema ante del final de mes, del próximo mes.

Todavía me cuesta acostumbrarme a estar siempre pensando en los pagos que tendré que afrontar en abril, mayo o septiembre, y en los ingresos que irán llegando en abril, mayo o… septiembre. Uno intenta que pasen los días y las semanas a toda velocidad para poder cobrar aquello que le deben por un artículo, o un libro, o cualquier trabajo más o menos digno. Y de esa manera poder llenar los agujeros permanentes de las tarjetas de crédito o de débito, los intereses de los excesos navideños o las cuentas pendientes con el casero, el banco, los amigos demasiado amigos.

Es un cash flow que nos hace mayores y nos avejenta al alma, pero también la única salida para no sentirse, frente al espejo, como el cobrador del frac de uno mismo. Cumplimos trimestres, no años. El lema de vive deprisa y ten un cadáver bonito aquí tiene un contenido económico, sin nada que ver con el romanticismo –falso o no, eso está por decidir- heredado de James Dean o Kurt Cobain. Ahora es vive deprisa, porque solo así llegarás a fin de mes, a la cuesta de enero, a la edad adulta; solo así cuadrarán los números, las cifras y letras que revolotean en tu cabeza, con paciencia y un poco de creatividad contable.

Y así pasa el tiempo y el tiempo nos succiona el alma, pensando: ojalá llegue el 15 de abril (que es cuando nos hacen aquella transferencia por la traducción de unos poemas), ojalá fuera 30 de mayo (fecha en la que recibimos una módica cantidad por derechos de autor), ojalá pase el verano ahora, mañana, ya. Y es entonces cuando en nuestras venas y arterias ya corre sangre del 15 de abril, del 30 de mayo, del 1 de octubre, toda mezclada y envenenada, grumos y coágulos de aquel que quisimos ser y solo somos en forma de constante fluir, de riachuelo que desafía las leyes del tiempo y el espacio mientras se llena de latas, condones usados y residuos tóxicos.

Artista del día: Japancakes

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Compañero del metal,
Cuándo vas a hacer el top 20 de tus libros preferidos?
Muchas gracias.

Mediosordo dijo...

Estamos en un pais en el que para la mayoría es un éxito sobrevivir al fin de mes. Cada día 30 parece peor que el anterior, hasta que llega alguno de esos momentos "bálsamo" en los que conseguimos dejar atrás esa angustia de la que hablas durante unos días.
El problema es que, leyendo las palabras de nuestro ministro, todo apunta a que los "balsamos" serán más y más difíciles de conseguir.