23 marzo 2011

Migala: diario de gira de hace 10 años. Capítulo 2



Los personajes:

Rubén Moreno (Batería): Por su aspecto moruno bien podría hacer el papel de Boabdil "el Chico" en una producción española de los 50 sobre la Reconquista. Es uno de los pocos baterías de nuestro país que sabe tocar lento. Muy callado -en el instituto le llamaban Ameba-, pero cuando habla sus palabras son como puñales.
Jordi Sancho (Teclados, bajo): aficionado a raparse la cabeza o afeitarse en los lavabos de restaurantes elegantes. Duerme con antifaz y escucha jazz. Durante los largos trayectos entre ciudad y ciudad siempre pone el contrapunto de cordura al desmadre generalizado. Le da un nuevo sentido al humor corporal.
Coque Yturriaga (Teclados, ruidos, delays): Con sus camisas prestadas de "Los Albertos" y sus manías (por las que se le ha llegado a llamar "El Hitler de las pequeñas cosas") bien parece el miembro serio del grupo. En realidad, una compleja personalidad, entre estudiante de informática, psicópata inofensivo y Don Giovanni, con sus altos y bajos y sus sorprendentes puntos intermedios.
Abel Hernández (Voz, guitarras acústicas y eléctricas): Voz y portavoz del grupo, aunque le pese. Crítico de arte y cine, traductor de poesía, y más cáustico que la sosa. Da la impresión de anticipar el cansancio que le producirá la gira. En cierto modo es como el psicólogo de un equipo de fútbol: nos reímos con él y de él, pero en el fondo nos influye y motiva.
Diego Yturriaga (Acordeón, dulzaina, casiotone, coros): Autor de una genial novela aún inédita -bajo el seudónimo del Marqués de Canyellas- y cada vez más parecido a una mezcla de Lou Reed y Leopoldo María Panero, es capaz del delirio y el surrealismo, la vergüenza ajena y el punto y coma etílico.
Rodrigo Hernández (Bajo, teclados, hierros): Acostumbra a salpicar sus frases con letras de Sr. Chinarro que siempre vienen al caso. No lejos de la imagen del "Principito" y amigo de sus amigos, pasa más horas en el baño de los hoteles que una mancha de humedad. Sus juegos de palabras son dignos de Gómez de la Serna o Chiquito de la Calzada, según el caso.
Nacho Vegas (guitarra y reverb): El último en incorporarse a Migala y quizás instigador del perfil más roquero que la banda ha ido adquiriendo durante la gira. Compartimos mucha química, actos inexplicables y sentido del humor. Todavía no ha sabido responder a la pregunta de Coque "¿Cuáles son las diferencias entre tocar con Manta Ray y con Migala?
Yo: bueno, yo escribo este diario en marzo del 2001, y lo reescribo a mi antojo en marzo del 2011.

Antes del tour propiamente dicho Migala ofrecieron dos conciertos de "calentamiento": uno en noviembre en Namur (Bélgica), ante 400 personas y con una cogorza descomunal post-bolo, y otro en enero en Palma de Mallorca. Éste último había sido organizado en la Sala Sonotone por Joan Vich (Pequeños Pasitos) y la promotora francesa Coup Franc!, con el objetivo de que el grueso de la prensa musical gala (Liberation, Les Inrockuptibles, y sobre todo Magic!, con nuestro abanderado y defensor de causas perdidas Christophe Basterra) viese a Migala y a Satellites en directo. Sin demasiados aspavientos, todo salió razonablemente bien. Todavía aturdidos por el lleno y la asfixia de su presentación en Madrid (16 de febrero, Sala Nasti, con ciento cincuenta personas que no pudieron entrar y una cola que daba casi una vuelta a la manzana) Migala se embarcan un mes después en el primer "leg" (así lo llaman los angloparlantes: "trecho", "tramo", "pierna" o "segmento") de su gira Europea. El 16 de marzo despegábamos hasta Ámsterdam. Creo que todos teníamos un intenso cosquilleo por dentro. Conozco a personas que apenas salen a la calle por miedo a los coches y al humo de los tubos de escape. Tengo un amigo que estudia como un jabato durante trimestres enteros y luego no se presenta a los exámenes, del miedo que le tiene a suspender. Mi abuelo, semanas antes de morir, aferraba las manos de su esposa gritando "no quiero irme, no quiero dejarte sola", en largas noches en vela de bata y camisón. El futbolista ante un penalti decisivo, el escritor y la página en blanco, el joven maestro cuando un alumno levanta la mano, el yonki cuando sabe que va a meterse una sustancia altamente adulterada... el miedo es algo universal y puede asaltarnos en cualquier momento. Abel tiene miedo a volar, y también alergia a los aeropuertos debido a algún recuerdo doloroso. Yo, a menudo, tengo miedo a despegar.

Próximo capítulo: 16 de marzo 2001: Amsterdam.


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